Introducción.
Hace ya algún tiempo, leí un libro que hacía citas acerca de todo lo que salía mal, y en él se hace una descripción de las cosas que nos suceden a diario y que son desfavorables.
El libro lo expresa en forma de teorías y corolarios, muy divertido por cierto, pero si alguno de ustedes lo leyó, tal vez les pase lo que a mí: no existe una explicación convincente del por qué los eventos cotidianos se comportan de esa manera, y seguramente no es el alcance del libro hacerlo, pero he tratado de buscar la explicación en otros lados y no he tenido suerte.
Es sorprendente como los casos ahí descritos se asemejan con la realidad. Un ejemplo es:
...la fila que se forma en la caja del supermercado que está junto a usted siempre avanzará más rápido. Es asombroso, y después de tanto tiempo sigue siendo válido.
Después de seguir aprendiendo en la escuela vida, he notado que atrás de todo lo que vemos como un hecho de que las cosas salgan mal, existen una serie de reglas bien reales y además, de carácter universal, que afortunadamente son susceptibles de administrarse.
La finalidad de un estudio sobre la administración de estas reglas es ayudarnos a optimizar la ejecución de nuestras labores cotidianas y vivir mejor.
La teoría de las adversidades, busca primero las reglas y sentencias que describen el por qué salen mal las cosas. Enseguida nos demuestra porque no pudieron haber salido bien. Y finalmente, nos explica, basándose en unas técnicas de fácil aplicación, cómo administrar las adversidades para obtener resultados favorables en un medio que, por su naturaleza, no lo es.
En los siguientes capítulos, trataré estos tres asuntos.
Le pido al lector no desesperarse durante el desarrollo del material, ya que todos quisiéramos saber cómo mejorar la administración de nuestros actos en tres patadas, pero eso resulta imposible, y eso nos lo ha demostrado también la mencionada escuela.
Hay que tener orden, disciplina y paciencia.
Hay que reconocer y analizar a fondo las situaciones problemáticas antes de aplicar un método que las solucione.
Estimado lector, hay que aprender a administrar la presencia de la adversidad.
Capítulo 1.
Análisis de por qué salen mal las cosas.
Antes de entrar de lleno al tema, es necesario poner en claro que el contenido de este material no se debe aplicar cuando algo ya ha salido mal. Siempre debemos ser capaces de estar abiertos a aprender nuevos métodos o formas de hacer las cosas, y nuestro sentido común nos dirá lo que es mejor hacer en cada situación. Todo en la vida sale bien, pero cuando algo falla, el resultado final podrá mejorarse en la medida que estemos preparados para enfrentar a la adversividad.
Si analizamos la constitución de algunas obras producto del ingenio del hombre, descubriremos que fueron realizadas teniendo como incentivo fundamental el hecho de que van a fallar.
No es una regla general, pero es verdadero. Y tampoco es porque no sepamos hacer las cosas, sino que la adversidad siempre está presente.
Veamos rápidamente el caso de un sistema de ignición para el motor de un aeroplano. Tradicionalmente sus componentes principales son magnetos, cables y bujías.
Si lo revisamos, veremos que las magnetos realmente son dos unidades, también veremos que los cables de bujía son dobles, y existen dos bujías para cada cilindro. ¿Por qué dos de cada cosa? Efectivamente, porque es un sistema que es susceptible de fallar, por lo que desde su concepción se busca la forma de hacer frente a una falla que muy probablemente se presentará.
Buscando más a fondo, veremos que hay un patrón de conducta de la adversidad que podemos identificar: aumenta directamente proporcional con la complejidad y con nuestra necesidad de buen funcionamiento del sistema al que afecta.
Regresando al caso del sistema de ignición, un sistema similar hace que funcione el motor de un automóvil, pero a diferencia del aeronáutico, el sistema automotriz no está duplicado. Y es porque en caso de falla el automóvil no iniciará su marcha, o se detendrá si es que ya estaba en marcha. Las consecuencias: quedarse varado en el camino hasta que la falla sea solucionada. Pero el sistema aeronáutico pertenece a un conjunto de sistemas complejos, y nuestra necesidad y esperanza de que funcionen libres de fallas se convierte en una cuestión de vida o muerte literalmente.
Hasta aquí hemos identificado un par de cosas: la naturaleza de las cosas que crea el hombre las lleva a que tarde o temprano fallen, y entre más indispensable sea la tarea que desempeñan, más complejas y más susceptibles a fallar serán, por lo que más sistemas anti fallas necesitarán.
Se habrá dado cuenta el lector, que hasta este punto del análisis, he tomado una actitud con cierto matiz pesimista, y aquí se abre una línea más de investigación de por qué las cosas salen mal.
Vamos por partes; la definición más común del pesimismo dice que es una doctrina filosófica que sostiene que vivimos en el peor de los mundos posibles, sin embargo, hemos utilizado la palabra pesimista para dirigirnos a alguien quien constantemente nos advierte de lo que puede salir mal, o a alguien que tiene una actitud negativa ante la vida, y no ve oportunidad alguna que ésta última nos pueda ofrecer sin tener que pagar un alto precio a cambio. Pero recientemente escuché otra especie de definición acerca del pesimismo y los pesimistas, y dice que se refiere a una actitud de aquellas personas que cuentan con la suficiente información como para mantener su actitud realísticamente negativa, a diferencia de aquellas que no poseen tal cantidad de información, lo que lleva a éstas últimas a mostrar una actitud irrealmente positiva.
Quiere decir que a mayor información acerca de un evento, mayor certeza tendremos del comportamiento del mismo, y por lo tanto podremos hacer sentencias que, para unos podrán resultar negativas, pero para otros podrán parecer útiles a su pensamiento optimista, y les servirán para tomar acciones que seguramente ya tenían previstas en un plan alterno.
Entonces lo anterior nos lleva a entender que el optimismo no es en sí una actitud idealizada y caracterizada por la carencia de suficiente información, sino que es una actitud relajada típica de las personas que saben que hacer en el caso de que las condiciones se muestren adversas y produzcan un malfuncionamiento en el plan inicial.
Ahora podremos regresar al análisis de por qué las cosas salen mal.
Cualquier actividad dirigida a la realización de una empresa o proyecto, tendrá como escenario el mundo en que vivimos. Este mundo, o mejor dicho, el planeta Tierra nos ofrece una serie de elementos que nosotros hemos aprendido a utilizar como insumos para la realización de nuestros proyectos. Muchos elementos han sufrido un gran cambio desde sus origines hasta la forma en que los utilizamos actualmente. Tal es el caso de la computadora que estoy utilizando para escribir estas líneas, y que me sirve para poder concluir en este momento, que dado que es producto de la transformación humana de algunos elementos naturales, tiene fallas de origen que no han sido detectadas, y las que ya lo han sido, están resueltas por medio de mecanismos alternos que nos permiten poder seguir trabajado con ellas.
Voy a ser más claro: Allá por el año de 1982, la primera computadora que utilicé llegaba a fallar de 3 a 5 veces por semana, ocasionando pérdida de información y continuos retrabajos. La computadora que estoy utilizando en este momento sigue presentando ese mismo promedio de fallas, aunque la diferencia es que ahora las pérdidas de información y los retrabajos han disminuido considerablemente gracias a los mecanismos de autorrecuperación actualmente incorporados en los sistemas que utilizo.
Con este ejemplo en mente, podemos deducir en forma general y muy superficialmente, que las cosas siguen y seguirán fallando por siempre, y esto gracias a la transformación humana que hemos realizado sobre los elementos que la conforman. Esto es lo que yo llamo el origen de las fallas y el porque de que las cosas salgan mal.
Capítulo 2.
Por qué las cosas pueden no salir bien.
Antes de proseguir, debo hacer hincapié en que mis razonamientos no deben ser tomados como pesimistas en el sentido tradicional de la palabra.
Es difícil descubrir por qué las cosas no salen bien, y lo más difícil es hacerlo cuando a muchas de las personas que están leyendo este ensayo, si les han salido bien. Por eso decidí que el título de este capítulo incluya la palabra “pueden”, pues afortunadamente hay cosas que si lo hacen y que no necesitarían dedicarle más tiempo a su estudio. A menos, claro está, de que ahí radique la explicación buscada.
Entonces vale la pena intentar tratar el tema de atrás para adelante. Empecemos por las cosas que salen bien.
Voy a traer un nuevo ejemplo a la mesa para enriquecer el estudio.
Si comparamos el número de personas que anualmente viajan por medios terrestres contra el número de las que lo hacen por medios aéreos, veremos que éste último supera en varias veces al primero. Viendo las cosas con un sentido netamente práctico para el presente estudio, es fácil encontrar y comprender que el número de accidentes ocurridos anualmente por vías terrestres es muy superior al ocurrido por vías aéreas. Entonces tenemos aquí un evento repetitivo que sale bien. Si yo tuviera que viajar constantemente del centro del país hacia la frontera norte, y no me importara el tiempo ni el costo del viaje, basado en las cifras de accidentes no dudaría en tomar un vuelo para cubrir mi necesidad.
En mi decisión no estoy incluyendo únicamente las fallas mecánicas que pudieran impedir que alcance mi destino, sino también las fallas producto de las condiciones de la ruta, y de los errores de otros viajeros que utilizan esa misma ruta.
Subrrayando, estamos ante un evento que normalmente sale bien: los viajes aéreos.
Otro caso interesante para el estudio: la mayoría de ustedes habrá observado el funcionamiento de un encendedor desechable de gas para cigarrillos. Se habrán dado cuenta que aquel encendedor que se compra en la tienda de la esquina, prácticamente no falla. Y contrariamente, aquel encendedor de gas, recargable, con acabado de oro o acero inoxidable, con una prestigiada marca grabada en su exterior, seguramente nos asombraría verlo funcionar más de 3 veces seguidas.
Por lo tanto, otro evento que normalmente sale bien: el funcionamiento de los encendedores desechables.
La lista de las cosas que salen bien podría continuar: existe un automóvil que fue catalogado como el auto del siglo. Este aparato, allá por los años 70’s y 80’s, que a mi parecer fueron sus mejores años, sencillamente funcionaba bien. Nunca fallaba. Y se dice que si llegaba a hacerlo, en cualquier farmacia se podía conseguir el remedio. También por muchos años fue el más barato de todos, el más económico de mantener, el más confiable en climas extremos, y por si fuera poco, el más sencillo en su construcción: una carrocería que se preparaba contra la corrosión por medio de un gran baño de tina, unida a una plataforma por medio de algunos pernos la cual incorporaba todo para funcionar, desde el motor hasta el volante de dirección. Este auto es el equivalente en confiabilidad y buen funcionamiento al encendedor desechable.
Un tercer evento que normalmente sale bien: el funcionamiento de un VW Sedán.
Listo, tenemos ya bien identificados a tres contrincantes difíciles de vencer por la adversidad.
Pero de los tres combatientes, uno no es ni desechable ni sencillo de operar, tampoco es de mantenimiento económico y sus refacciones no están disponibles en casi cualquier lado. Y son los viajes aéreos. En ellos intervienen muchos factores, desde la agencia de viajes o la misma aerolínea que vende el boleto y garantiza que tengamos comprado un asiento para tal vuelo, hasta la entrega de nuestro equipaje en la sala de llegadas de nuestro destino. Todo esto contribuye a la realización de un viaje que supone inicialmente, un despegue a bordo de una sofisticada aeronave, una emocionante travesía por los aires, un no menos emocionante aterrizaje y finalmente una última travesía por las calles de rodaje del aeropuerto hasta que el aparato se detiene.
Ya está. ¿Entonces las cosas que salen bien pueden ser las más sencillas pero también las más complejas? Desde mi punto de vista si, si pueden ser.
Esto no contradice la sentencia que hice en el capítulo anterior respecto a la complejidad, al contrario, creo yo que la confirma. Pues ya vimos que si bien las aeronaves actuales de pasajeros no utilizan un sistema de ignición a base de magnetos, si conservan en su diseño el principio de redundancia en sus sistemas principales, y esto más la excelente coordinación de los equipos de trabajo de las aerolíneas con los oficiales de operaciones de los aeropuertos, revisión de equipajes, trámites aduanales, migratorios, etc., dan como resultado un producto que ocupa un lugar en nuestra terna de los invencibles.
Ahora sigamos en nuestro camino de regreso.
Por qué las cosas pueden no salir bien? La respuesta está en la forma en que son realizadas.
Las cosas sencillas tienen un bajo riesgo de fallar, pues entre menos elementos intervengan en su funcionamiento, aritméticamente menos fallas se podrán presentar.
Las cosas complejas han llegado a tal grado de perfección, que se ha introducido en ellas algo muy interesante: la administración de la presencia de las fallas.
Fuera del tema de las aeronaves, encontramos que constantemente las empresas inician actividades para mejorar sus procesos productivos o para expandir sus alcances. Esas actividades constituyen un proyecto. Y suele ser tan complejo que hay toda una carrera dedicada a la administración de los proyectos.
Aquí llama la atención que se incluya una materia llamada administración del riesgo.
Podemos asumir que el riesgo acompaña a todo proyecto, y por eso se debe saber que hacer al momento de enfrentarlo.
No confundir el riesgo con la adversidad. El primero aumenta conforme las pretensiones del proyecto también lo hacen. El segundo no aumenta ni disminuye, siempre esta presente.
Pero me gusta la idea de hacer una analogía entre los dos términos, pues tienen algo en común: pueden ser administrados.
Se concluye entonces que las cosas pueden no salir bien en la medida en que no se incluyan actividades o acciones para administrar su natural forma de salir mal.
Capítulo 3.
Cómo administrar las adversidades para obtener resultados favorables en un medio que, por su naturaleza, no lo es.
En los capítulos anteriores ya hemos abordado parte de este tema.
Hemos mencionado a la redundancia como un aliado contra la adversidad, también mencionamos a los planes alternos.
Hay un tercer elemento que quiero citar, y es el de mantener un respaldo constante de lo que hacemos.
Habrá notado aquel lector que se dedica a trabajar con computadoras, que dos de las tres técnicas mencionadas, están siempre presentes en aquel ambiente tan especial, y además adverso diría yo.
Bien, no se trata entonces de ponerse dos cinturones, ni de llevar dos plumas ni de ponerse dos relojes cada vez que vamos a trabajar, eso sería ridículo. Pero si se trata de saber identificar que elementos del tercer tipo integrar a que actividades o proyectos, para poder hacer frente a una falla inminente.
Tratemos de clasificar las técnicas antiadversidad de acuerdo a las tareas a emprender.
Imagine el lector una lista que contenga las actividades necesarias para la realización de una fiesta navideña en su casa. La lista se vería parecida a lo que sigue:
• Hacer la relación de invitados
• Definir con los invitados lo que les toca traer a la fiesta.
• Definir el lugar para realizar la fiesta.
• Contratar el servicio de sillas y mesas para la fiesta.
• Comprar lo correspondiente a alimentos, bebidas, y demás artículos para fiestas.
• Definir el tipo de música que se pondrá.
La lista puede seguir y seguir, pero nadie, o muy pocos, escribirán alguna vez una lista que contenga actividades como:
• Tener un botiquín de primeros auxilios para niños golpeados cuando tratan de romper la piñata.
• Encerrar, encadenar o aislar al perro en una forma segura para evitar que se escape y que ataque a los invitados.
• Contar con equipo especializado para extraer focos que se funden y que han estado a la intemperie (en el jardín, ahí donde se pretendía realizar la fiesta) los dos últimos años, provocando que estén prácticamente fusionados al socket que los contiene.
• Tener preparadas 27 cobijas (o abrigos), para los invitados que tienen que estar en la calle pidiendo posada. (¡dado que en el jardín no hay luz!).
Esto nos ayuda a tratar de imaginarnos que tan fácil puede ser la administración de la adversidad.
No lo hagamos más complicado de lo que ya es, pues corre el riesgo de dar paso a la adversidad.
En resumen, dado que es claro que algo va a salir mal, los consejos que yo les doy para administrar la adversidad son:
1.- Poner especial atención en aquellas cosas que a simple vista parece que se pueden realizar casi por si solas. Es frecuente escuchar a alguien que estuvo involucrado en una gran empresa que fracasa decir: “omitimos un pequeño detalle”. Los detalles son tan impactantes en el resultado como lo son los actores principales de la tarea.
Cuidemos mucho los detalles y sobre todo, repasemos una y otra vez cómo serán llevados al cabo.
2.- Diseñar un sistema redundante para todas aquellas tareas que tienen cierto grado de complejidad, o una gran energía incluida. Si regresamos al tema de la fiesta navideña, considere el lector en su lista un segundo palo para golpear la piñata, pues frecuentemente se rompen en las etapas tempranas del proyecto. Otro ejemplo para ilustrar la redundancia lo tenemos en la ropa adicional que llevamos cuando salimos de campamento. Siempre será necesaria hasta un tercer cambio de ropa, recuerde que hay mucha energía suelta en los campamentos.
Mi intención con estos ejemplos es llevar al lector por los diferentes senderos que toma la adversidad para manifestarse: las tecnologías de información, la aeronáutica, las fiestas caseras y las actividades al aire libre.
3.- El plan alterno. Mejor conocido como el plan b, siempre debe figurar en nuestra lista de actividades. Un plan b se debe diseñar con todo el coraje que nos puede producir la falla del plan inicial. Utilice el lector ese coraje para desarrollar el plan alterno, y tal vez hasta un tercer o cuarto plan para vencer a la adversidad. Aquí de lo que se trata, es de bloquear los posibles caminos que pueda tomar el enemigo para penetrar nuestras estructuras. Le aconsejo al lector no confundir el uso del plan b con la redundancia, pues esta última se refiere a tener una segunda forma de concluir la interrumpida actividad con un elemento de repuesto; recuerde al par de bujías del motor de avión, o al segundo palo para romper la piñata. El plan b es un camino alterno que tendremos que tomar cuando la adversidad nos obstaculice el camino originalmente trazado. Una recomendación casi automática, no lo complique demasiado. Recuerde que eso puede abrirle paso a una nueva filtración maligna. Los planes alternos tienen que ser igual de sencillos, en la medida de lo posible, al plan original, y no piense que el camino alterno implica que esté reforzado con barandales de acero para evitar el desvío.
Sea creativo. Esta es un arma que aniquila a la adversidad por donde más le duele: tomarla por sorpresa.
4.- No puede faltar un consejo para aquel que decide emprender un negocio. Seguramente que los tres consejos anteriores le van a ser de gran utilidad, pero además hay otro que tiene que ver con el respaldo. Un buen respaldo, adicionado con poner mucho cuidado en los detalles, incluir una redundancia en los elementos clave y a la vez volátiles más un plan b es definitivamente un buen comienzo. Quiero decir que para este inciso, se entiende como respaldo a una buena dosis de experiencia, o a una buena alianza que nos provea de esa experiencia, o a una jugosa cuenta bancaria que nos respalde por un tiempo suficiente para no morir en la curva de arranque del negocio. Quiero recordarle que las alianzas no solo traen consigo experiencia, sino también traen cartera de clientes, estrategias, conocimiento del negocio, y algunas veces respaldo económico. Es bien interesante el significado que la palabra respaldo puede tomar en esta tarea. Va desde la acumulación del conocimiento humano, hasta la fuerza que se obtiene de juntar a varios jugadores en un mismo equipo. Un buen respaldo nos hace fuertes ante la presencia de adversidad.
Hasta aquí el estudio.
Espero sinceramente que las ideas expresadas le sean de gran ayuda.
Y no olvide al ser creativo, optimista y emprendedor llevar consigo la teoría de las adversidades y su administración.
Hace ya algún tiempo, leí un libro que hacía citas acerca de todo lo que salía mal, y en él se hace una descripción de las cosas que nos suceden a diario y que son desfavorables.
El libro lo expresa en forma de teorías y corolarios, muy divertido por cierto, pero si alguno de ustedes lo leyó, tal vez les pase lo que a mí: no existe una explicación convincente del por qué los eventos cotidianos se comportan de esa manera, y seguramente no es el alcance del libro hacerlo, pero he tratado de buscar la explicación en otros lados y no he tenido suerte.
Es sorprendente como los casos ahí descritos se asemejan con la realidad. Un ejemplo es:
...la fila que se forma en la caja del supermercado que está junto a usted siempre avanzará más rápido. Es asombroso, y después de tanto tiempo sigue siendo válido.
Después de seguir aprendiendo en la escuela vida, he notado que atrás de todo lo que vemos como un hecho de que las cosas salgan mal, existen una serie de reglas bien reales y además, de carácter universal, que afortunadamente son susceptibles de administrarse.
La finalidad de un estudio sobre la administración de estas reglas es ayudarnos a optimizar la ejecución de nuestras labores cotidianas y vivir mejor.
La teoría de las adversidades, busca primero las reglas y sentencias que describen el por qué salen mal las cosas. Enseguida nos demuestra porque no pudieron haber salido bien. Y finalmente, nos explica, basándose en unas técnicas de fácil aplicación, cómo administrar las adversidades para obtener resultados favorables en un medio que, por su naturaleza, no lo es.
En los siguientes capítulos, trataré estos tres asuntos.
Le pido al lector no desesperarse durante el desarrollo del material, ya que todos quisiéramos saber cómo mejorar la administración de nuestros actos en tres patadas, pero eso resulta imposible, y eso nos lo ha demostrado también la mencionada escuela.
Hay que tener orden, disciplina y paciencia.
Hay que reconocer y analizar a fondo las situaciones problemáticas antes de aplicar un método que las solucione.
Estimado lector, hay que aprender a administrar la presencia de la adversidad.
Capítulo 1.
Análisis de por qué salen mal las cosas.
Antes de entrar de lleno al tema, es necesario poner en claro que el contenido de este material no se debe aplicar cuando algo ya ha salido mal. Siempre debemos ser capaces de estar abiertos a aprender nuevos métodos o formas de hacer las cosas, y nuestro sentido común nos dirá lo que es mejor hacer en cada situación. Todo en la vida sale bien, pero cuando algo falla, el resultado final podrá mejorarse en la medida que estemos preparados para enfrentar a la adversividad.
Si analizamos la constitución de algunas obras producto del ingenio del hombre, descubriremos que fueron realizadas teniendo como incentivo fundamental el hecho de que van a fallar.
No es una regla general, pero es verdadero. Y tampoco es porque no sepamos hacer las cosas, sino que la adversidad siempre está presente.
Veamos rápidamente el caso de un sistema de ignición para el motor de un aeroplano. Tradicionalmente sus componentes principales son magnetos, cables y bujías.
Si lo revisamos, veremos que las magnetos realmente son dos unidades, también veremos que los cables de bujía son dobles, y existen dos bujías para cada cilindro. ¿Por qué dos de cada cosa? Efectivamente, porque es un sistema que es susceptible de fallar, por lo que desde su concepción se busca la forma de hacer frente a una falla que muy probablemente se presentará.
Buscando más a fondo, veremos que hay un patrón de conducta de la adversidad que podemos identificar: aumenta directamente proporcional con la complejidad y con nuestra necesidad de buen funcionamiento del sistema al que afecta.
Regresando al caso del sistema de ignición, un sistema similar hace que funcione el motor de un automóvil, pero a diferencia del aeronáutico, el sistema automotriz no está duplicado. Y es porque en caso de falla el automóvil no iniciará su marcha, o se detendrá si es que ya estaba en marcha. Las consecuencias: quedarse varado en el camino hasta que la falla sea solucionada. Pero el sistema aeronáutico pertenece a un conjunto de sistemas complejos, y nuestra necesidad y esperanza de que funcionen libres de fallas se convierte en una cuestión de vida o muerte literalmente.
Hasta aquí hemos identificado un par de cosas: la naturaleza de las cosas que crea el hombre las lleva a que tarde o temprano fallen, y entre más indispensable sea la tarea que desempeñan, más complejas y más susceptibles a fallar serán, por lo que más sistemas anti fallas necesitarán.
Se habrá dado cuenta el lector, que hasta este punto del análisis, he tomado una actitud con cierto matiz pesimista, y aquí se abre una línea más de investigación de por qué las cosas salen mal.
Vamos por partes; la definición más común del pesimismo dice que es una doctrina filosófica que sostiene que vivimos en el peor de los mundos posibles, sin embargo, hemos utilizado la palabra pesimista para dirigirnos a alguien quien constantemente nos advierte de lo que puede salir mal, o a alguien que tiene una actitud negativa ante la vida, y no ve oportunidad alguna que ésta última nos pueda ofrecer sin tener que pagar un alto precio a cambio. Pero recientemente escuché otra especie de definición acerca del pesimismo y los pesimistas, y dice que se refiere a una actitud de aquellas personas que cuentan con la suficiente información como para mantener su actitud realísticamente negativa, a diferencia de aquellas que no poseen tal cantidad de información, lo que lleva a éstas últimas a mostrar una actitud irrealmente positiva.
Quiere decir que a mayor información acerca de un evento, mayor certeza tendremos del comportamiento del mismo, y por lo tanto podremos hacer sentencias que, para unos podrán resultar negativas, pero para otros podrán parecer útiles a su pensamiento optimista, y les servirán para tomar acciones que seguramente ya tenían previstas en un plan alterno.
Entonces lo anterior nos lleva a entender que el optimismo no es en sí una actitud idealizada y caracterizada por la carencia de suficiente información, sino que es una actitud relajada típica de las personas que saben que hacer en el caso de que las condiciones se muestren adversas y produzcan un malfuncionamiento en el plan inicial.
Ahora podremos regresar al análisis de por qué las cosas salen mal.
Cualquier actividad dirigida a la realización de una empresa o proyecto, tendrá como escenario el mundo en que vivimos. Este mundo, o mejor dicho, el planeta Tierra nos ofrece una serie de elementos que nosotros hemos aprendido a utilizar como insumos para la realización de nuestros proyectos. Muchos elementos han sufrido un gran cambio desde sus origines hasta la forma en que los utilizamos actualmente. Tal es el caso de la computadora que estoy utilizando para escribir estas líneas, y que me sirve para poder concluir en este momento, que dado que es producto de la transformación humana de algunos elementos naturales, tiene fallas de origen que no han sido detectadas, y las que ya lo han sido, están resueltas por medio de mecanismos alternos que nos permiten poder seguir trabajado con ellas.
Voy a ser más claro: Allá por el año de 1982, la primera computadora que utilicé llegaba a fallar de 3 a 5 veces por semana, ocasionando pérdida de información y continuos retrabajos. La computadora que estoy utilizando en este momento sigue presentando ese mismo promedio de fallas, aunque la diferencia es que ahora las pérdidas de información y los retrabajos han disminuido considerablemente gracias a los mecanismos de autorrecuperación actualmente incorporados en los sistemas que utilizo.
Con este ejemplo en mente, podemos deducir en forma general y muy superficialmente, que las cosas siguen y seguirán fallando por siempre, y esto gracias a la transformación humana que hemos realizado sobre los elementos que la conforman. Esto es lo que yo llamo el origen de las fallas y el porque de que las cosas salgan mal.
Capítulo 2.
Por qué las cosas pueden no salir bien.
Antes de proseguir, debo hacer hincapié en que mis razonamientos no deben ser tomados como pesimistas en el sentido tradicional de la palabra.
Es difícil descubrir por qué las cosas no salen bien, y lo más difícil es hacerlo cuando a muchas de las personas que están leyendo este ensayo, si les han salido bien. Por eso decidí que el título de este capítulo incluya la palabra “pueden”, pues afortunadamente hay cosas que si lo hacen y que no necesitarían dedicarle más tiempo a su estudio. A menos, claro está, de que ahí radique la explicación buscada.
Entonces vale la pena intentar tratar el tema de atrás para adelante. Empecemos por las cosas que salen bien.
Voy a traer un nuevo ejemplo a la mesa para enriquecer el estudio.
Si comparamos el número de personas que anualmente viajan por medios terrestres contra el número de las que lo hacen por medios aéreos, veremos que éste último supera en varias veces al primero. Viendo las cosas con un sentido netamente práctico para el presente estudio, es fácil encontrar y comprender que el número de accidentes ocurridos anualmente por vías terrestres es muy superior al ocurrido por vías aéreas. Entonces tenemos aquí un evento repetitivo que sale bien. Si yo tuviera que viajar constantemente del centro del país hacia la frontera norte, y no me importara el tiempo ni el costo del viaje, basado en las cifras de accidentes no dudaría en tomar un vuelo para cubrir mi necesidad.
En mi decisión no estoy incluyendo únicamente las fallas mecánicas que pudieran impedir que alcance mi destino, sino también las fallas producto de las condiciones de la ruta, y de los errores de otros viajeros que utilizan esa misma ruta.
Subrrayando, estamos ante un evento que normalmente sale bien: los viajes aéreos.
Otro caso interesante para el estudio: la mayoría de ustedes habrá observado el funcionamiento de un encendedor desechable de gas para cigarrillos. Se habrán dado cuenta que aquel encendedor que se compra en la tienda de la esquina, prácticamente no falla. Y contrariamente, aquel encendedor de gas, recargable, con acabado de oro o acero inoxidable, con una prestigiada marca grabada en su exterior, seguramente nos asombraría verlo funcionar más de 3 veces seguidas.
Por lo tanto, otro evento que normalmente sale bien: el funcionamiento de los encendedores desechables.
La lista de las cosas que salen bien podría continuar: existe un automóvil que fue catalogado como el auto del siglo. Este aparato, allá por los años 70’s y 80’s, que a mi parecer fueron sus mejores años, sencillamente funcionaba bien. Nunca fallaba. Y se dice que si llegaba a hacerlo, en cualquier farmacia se podía conseguir el remedio. También por muchos años fue el más barato de todos, el más económico de mantener, el más confiable en climas extremos, y por si fuera poco, el más sencillo en su construcción: una carrocería que se preparaba contra la corrosión por medio de un gran baño de tina, unida a una plataforma por medio de algunos pernos la cual incorporaba todo para funcionar, desde el motor hasta el volante de dirección. Este auto es el equivalente en confiabilidad y buen funcionamiento al encendedor desechable.
Un tercer evento que normalmente sale bien: el funcionamiento de un VW Sedán.
Listo, tenemos ya bien identificados a tres contrincantes difíciles de vencer por la adversidad.
Pero de los tres combatientes, uno no es ni desechable ni sencillo de operar, tampoco es de mantenimiento económico y sus refacciones no están disponibles en casi cualquier lado. Y son los viajes aéreos. En ellos intervienen muchos factores, desde la agencia de viajes o la misma aerolínea que vende el boleto y garantiza que tengamos comprado un asiento para tal vuelo, hasta la entrega de nuestro equipaje en la sala de llegadas de nuestro destino. Todo esto contribuye a la realización de un viaje que supone inicialmente, un despegue a bordo de una sofisticada aeronave, una emocionante travesía por los aires, un no menos emocionante aterrizaje y finalmente una última travesía por las calles de rodaje del aeropuerto hasta que el aparato se detiene.
Ya está. ¿Entonces las cosas que salen bien pueden ser las más sencillas pero también las más complejas? Desde mi punto de vista si, si pueden ser.
Esto no contradice la sentencia que hice en el capítulo anterior respecto a la complejidad, al contrario, creo yo que la confirma. Pues ya vimos que si bien las aeronaves actuales de pasajeros no utilizan un sistema de ignición a base de magnetos, si conservan en su diseño el principio de redundancia en sus sistemas principales, y esto más la excelente coordinación de los equipos de trabajo de las aerolíneas con los oficiales de operaciones de los aeropuertos, revisión de equipajes, trámites aduanales, migratorios, etc., dan como resultado un producto que ocupa un lugar en nuestra terna de los invencibles.
Ahora sigamos en nuestro camino de regreso.
Por qué las cosas pueden no salir bien? La respuesta está en la forma en que son realizadas.
Las cosas sencillas tienen un bajo riesgo de fallar, pues entre menos elementos intervengan en su funcionamiento, aritméticamente menos fallas se podrán presentar.
Las cosas complejas han llegado a tal grado de perfección, que se ha introducido en ellas algo muy interesante: la administración de la presencia de las fallas.
Fuera del tema de las aeronaves, encontramos que constantemente las empresas inician actividades para mejorar sus procesos productivos o para expandir sus alcances. Esas actividades constituyen un proyecto. Y suele ser tan complejo que hay toda una carrera dedicada a la administración de los proyectos.
Aquí llama la atención que se incluya una materia llamada administración del riesgo.
Podemos asumir que el riesgo acompaña a todo proyecto, y por eso se debe saber que hacer al momento de enfrentarlo.
No confundir el riesgo con la adversidad. El primero aumenta conforme las pretensiones del proyecto también lo hacen. El segundo no aumenta ni disminuye, siempre esta presente.
Pero me gusta la idea de hacer una analogía entre los dos términos, pues tienen algo en común: pueden ser administrados.
Se concluye entonces que las cosas pueden no salir bien en la medida en que no se incluyan actividades o acciones para administrar su natural forma de salir mal.
Capítulo 3.
Cómo administrar las adversidades para obtener resultados favorables en un medio que, por su naturaleza, no lo es.
En los capítulos anteriores ya hemos abordado parte de este tema.
Hemos mencionado a la redundancia como un aliado contra la adversidad, también mencionamos a los planes alternos.
Hay un tercer elemento que quiero citar, y es el de mantener un respaldo constante de lo que hacemos.
Habrá notado aquel lector que se dedica a trabajar con computadoras, que dos de las tres técnicas mencionadas, están siempre presentes en aquel ambiente tan especial, y además adverso diría yo.
Bien, no se trata entonces de ponerse dos cinturones, ni de llevar dos plumas ni de ponerse dos relojes cada vez que vamos a trabajar, eso sería ridículo. Pero si se trata de saber identificar que elementos del tercer tipo integrar a que actividades o proyectos, para poder hacer frente a una falla inminente.
Tratemos de clasificar las técnicas antiadversidad de acuerdo a las tareas a emprender.
Imagine el lector una lista que contenga las actividades necesarias para la realización de una fiesta navideña en su casa. La lista se vería parecida a lo que sigue:
• Hacer la relación de invitados
• Definir con los invitados lo que les toca traer a la fiesta.
• Definir el lugar para realizar la fiesta.
• Contratar el servicio de sillas y mesas para la fiesta.
• Comprar lo correspondiente a alimentos, bebidas, y demás artículos para fiestas.
• Definir el tipo de música que se pondrá.
La lista puede seguir y seguir, pero nadie, o muy pocos, escribirán alguna vez una lista que contenga actividades como:
• Tener un botiquín de primeros auxilios para niños golpeados cuando tratan de romper la piñata.
• Encerrar, encadenar o aislar al perro en una forma segura para evitar que se escape y que ataque a los invitados.
• Contar con equipo especializado para extraer focos que se funden y que han estado a la intemperie (en el jardín, ahí donde se pretendía realizar la fiesta) los dos últimos años, provocando que estén prácticamente fusionados al socket que los contiene.
• Tener preparadas 27 cobijas (o abrigos), para los invitados que tienen que estar en la calle pidiendo posada. (¡dado que en el jardín no hay luz!).
Esto nos ayuda a tratar de imaginarnos que tan fácil puede ser la administración de la adversidad.
No lo hagamos más complicado de lo que ya es, pues corre el riesgo de dar paso a la adversidad.
En resumen, dado que es claro que algo va a salir mal, los consejos que yo les doy para administrar la adversidad son:
1.- Poner especial atención en aquellas cosas que a simple vista parece que se pueden realizar casi por si solas. Es frecuente escuchar a alguien que estuvo involucrado en una gran empresa que fracasa decir: “omitimos un pequeño detalle”. Los detalles son tan impactantes en el resultado como lo son los actores principales de la tarea.
Cuidemos mucho los detalles y sobre todo, repasemos una y otra vez cómo serán llevados al cabo.
2.- Diseñar un sistema redundante para todas aquellas tareas que tienen cierto grado de complejidad, o una gran energía incluida. Si regresamos al tema de la fiesta navideña, considere el lector en su lista un segundo palo para golpear la piñata, pues frecuentemente se rompen en las etapas tempranas del proyecto. Otro ejemplo para ilustrar la redundancia lo tenemos en la ropa adicional que llevamos cuando salimos de campamento. Siempre será necesaria hasta un tercer cambio de ropa, recuerde que hay mucha energía suelta en los campamentos.
Mi intención con estos ejemplos es llevar al lector por los diferentes senderos que toma la adversidad para manifestarse: las tecnologías de información, la aeronáutica, las fiestas caseras y las actividades al aire libre.
3.- El plan alterno. Mejor conocido como el plan b, siempre debe figurar en nuestra lista de actividades. Un plan b se debe diseñar con todo el coraje que nos puede producir la falla del plan inicial. Utilice el lector ese coraje para desarrollar el plan alterno, y tal vez hasta un tercer o cuarto plan para vencer a la adversidad. Aquí de lo que se trata, es de bloquear los posibles caminos que pueda tomar el enemigo para penetrar nuestras estructuras. Le aconsejo al lector no confundir el uso del plan b con la redundancia, pues esta última se refiere a tener una segunda forma de concluir la interrumpida actividad con un elemento de repuesto; recuerde al par de bujías del motor de avión, o al segundo palo para romper la piñata. El plan b es un camino alterno que tendremos que tomar cuando la adversidad nos obstaculice el camino originalmente trazado. Una recomendación casi automática, no lo complique demasiado. Recuerde que eso puede abrirle paso a una nueva filtración maligna. Los planes alternos tienen que ser igual de sencillos, en la medida de lo posible, al plan original, y no piense que el camino alterno implica que esté reforzado con barandales de acero para evitar el desvío.
Sea creativo. Esta es un arma que aniquila a la adversidad por donde más le duele: tomarla por sorpresa.
4.- No puede faltar un consejo para aquel que decide emprender un negocio. Seguramente que los tres consejos anteriores le van a ser de gran utilidad, pero además hay otro que tiene que ver con el respaldo. Un buen respaldo, adicionado con poner mucho cuidado en los detalles, incluir una redundancia en los elementos clave y a la vez volátiles más un plan b es definitivamente un buen comienzo. Quiero decir que para este inciso, se entiende como respaldo a una buena dosis de experiencia, o a una buena alianza que nos provea de esa experiencia, o a una jugosa cuenta bancaria que nos respalde por un tiempo suficiente para no morir en la curva de arranque del negocio. Quiero recordarle que las alianzas no solo traen consigo experiencia, sino también traen cartera de clientes, estrategias, conocimiento del negocio, y algunas veces respaldo económico. Es bien interesante el significado que la palabra respaldo puede tomar en esta tarea. Va desde la acumulación del conocimiento humano, hasta la fuerza que se obtiene de juntar a varios jugadores en un mismo equipo. Un buen respaldo nos hace fuertes ante la presencia de adversidad.
Hasta aquí el estudio.
Espero sinceramente que las ideas expresadas le sean de gran ayuda.
Y no olvide al ser creativo, optimista y emprendedor llevar consigo la teoría de las adversidades y su administración.

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